Tendré que aprender a usar el “punto final”

1001563_10151842898992329_271896315_nEl último adiós… es más que un hasta nunca.

¿Mi nombre? … Lo encontrarás en el bolsillo delantero derecho de mi pantalón, impreso en mi cédula o en un viejo carné de universidad, junto a este número que somos, encontrarás una fotografía, la de mis 18 años, por si tal vez en este momento no te soy muy reconocible, hay más datos de mí; sin embargo, ya tendrás tiempo para leerlos.

No sé quién eres (a ciencia cierta, ni yo se quién soy), el sexo debajo de tu falda o pantalón, no me importa, solo sé que estás leyendo esto ¿Qué quieres que te resuelva primero? ah que ¿Por qué hice esto? Pues bueno, a diferencia de muchos que en otras oportunidades han realizado este mismo acto, a mí no me impulso la traición de un viejo amor, ni tampoco la indiferencia de una sociedad falta de oportunidades, ni un extraño trauma que causaron mis padres en la infancia, ni el bullying, ni tú.

Mi cuerpo no habla, y hace parte del paisaje rocoso de este río, es inerte como una piedra más en la montaña, una pieza más en el cuadro o una menos, como una escena sacada de un acto de barbarie cometido por Atila el Huno y sus Bárbaros,el carácter normal de mi persona proyectado en una envoltura: ésta ropa, la ropa de una vida “normal”, de un hombre “normal”; en un exámen clínico a mi sangre no hallarás en ella la más mínima muestra de sustancias psicoáctivas o de alcohol, con lo cual éstas letras no son resultado de un viaje al espacio, o de un momento de delirio, llegué a éste punto motivado por otra razón.

Parado en el borde, en el punto sobre la “i”… cuando me paré en ese borde, pensé que no sería capaz de realizar el acto de valentía más cobarde del mundo: suicidarme desde este puente, caer al vacío, como un final de película, sangre, acción, sufrimiento (de todos los actores seré el peor), terminaría con una vida que no pude vivir, con sus declives y altibajos ¡Así me juzgarían! Me hallaba allí, parado mirando el infinito ¿Seré capaz?, lo dude por algunos instantes, hasta que lo decidí, en tan solo unos cortos minutos al final lo supe… Supe qué se sentía volar sin ataduras y aterrizar sobre la vida misma.

No espero que lo entiendas, no espero que sientas lástima por mí, aunque bien podrías hacerlo según el código de buenas costumbres; quizás hoy puedas contarle al mundo que yo solo fui parte del experimento de la vida misma ¿el resultado? el mismo de siempre, los morbosos, adoloridos, allegados, “amigos” y “amores eternos”, atando historias para comprender “el por qué de mis silencios”, los “por qués”. Un cadáver a sus pies al que no le interesan las respuestas.

Ahora que lo sabes, recógeme pronto, llévame a un sitio menos frío… mi familia quiere verme.

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