Eran solo niños jugando a amar.

“Despertó y aún no lo podía creer, y sin embargo su mente ya se lo imaginaba… Sucedió a la madrugada, soñó que le iban a robar, no tenía un gran motín, y aún así les pedía que solo se llevasen el bolso, como si atesorara aquellos documentos, y pertenencias que tuviera allí, aún cuando no eran nada, es decir, como si le atesorara, aún cuando no le diera nada. Corrió a la cabina del conductor del bus, allí se salvaguardó del “mal” que le asechaba, pensando en que era una persona confiable le condujo por un camino diferente, le desvió, pero no logró desviar su atención; en enseguida se dió cuenta que algo andaba mal, se alertó, se detuvo y se bajó del bus, corrió por al terreno árido y polvoroso en el que se encontraba. El bus era él. Corrió e intentó esconderse, entró en una abandonada casa (como esas antiguas de pueblo), como si volviera a un pasado aparentemente olvidado, pero no perdonado, al entrar en ella, se encontró con personas de su pasado, que se abalanzaban hacia ella y le socorrían, abrazaban y reían de su pena. Sus rostros eran los rostros de un pasado, de heridas, dolores, que ayudaron a cerrar, esos rostros con los que tal vez solamente fue agradecido. Y al final del camino finalmente, el sueño tuvo rostro, su rostro, el rostro que cubre la mentira de la verdad de ese corazón. Al final era solo un disfraz.”

Eso somos, representaciones de sueños. Resultado de interminables días de la moral en el suelo, para despertar y finalmente buscar el sol brillar. No somos menos, no somos más, llegamos hasta dónde nos permitamos brillar, hasta dónde permitamos al alma y al cuerpo jugar a amar.

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El buen lector

Ancha es mi casa

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En uno de sus libros, C.S. Lewis, después de criticar a los que no cesan de hablar de los defectos de la inmadurez, afirma que “Haber perdido el gusto por los prodigios o las aventuras no es más digno de celebración que haber perdido los dientes, el cabello, el paladar y, por último, las esperanzas”. Y propone una clasificación de la literatura a partir de cómo es leída, lo que nos exigiría a hablar, antes que de buenos y malos libros, de buenos y malos lectores. Así como un libro puede fracasar por no haber encontrado su lector, también una vida puede hacerlo si no encuentra quien la sepa vivir, pero ¿puede aprenderse a vivir? Sin duda. Basta con darse cuenta de que lo importante no es tanto lo que nos pasa sino lo que somos capaces de hacer con ello en nuestra imaginación.
Gustavo Martín Garzo – El cuarto…

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Tres años, y no se nada de tí

Ya pasaron tres años, y trato de imaginar cada día tus palabras a nuestras decisiones y caminos elegidos, o qué harías intentando pasar la calle, o “mendigando” un cigarrillo. Me planteo si te tenía miedo, respeto, odio. Pensar en el tiempo que no pasé contigo no tiene sentido. Pensar el tiempo que vendrá, y en qué diré de tu ser tiene más valor.

Ya pasaron tres años, y extrañamos tus llamadas, sonrisas e historias, tus coplas, consejos no pedidos, despertarnos a las malas, tú carácter fuerte e ideales marcados, tu posición política con la que nos encantaba hacerte rabiar.

Ya pasaron tres años, y aunque allá estás mejor, no se nada tí.

¡Hola! ¿Cómo estás?

Y así, fui descubriendo ese oscuro sentimiento llamado resignación, pues es cuando no sientes nada, ni alegría, ni risa, ni tristeza.. Esta si es como cuándo la “divina” del barrio pasa por tu lado y te ojea y tu dices “no me corre ni brisa linda”.. Así tal cual, transcurren estos días de auto-evaluación, y no la de un selfie siniestro al frente del espejo del baño… No! Un stop para ver qué ha cambiado en tu vida en los últimos meses.. ¿Has crecido? ¿Has avanzado? ¿Has echo? ¿Qué eres? … Qué frívola pregunta, debería ser ¿Quién eres? así como el ¿Hola, cómo estoy? pero sin la sonrisa ficticia de una aparente felicidad…

Hola! ¿Cómo estoy? será mi pregunta de mañana, es la que retumba al son de Michelle, y los Beatles y los recuerdos de petardos amores, y de glorias vanas o mejor virales…. ¿Cómo estás? “I love you, I love you, I love you…”

De cuando la princesa salió del castillo..

Cuando la princesa salió del castillo, se dio cuenta que no habían príncipes azules, que el poder y compromiso perdían valor en el mundo vano. Cuando la princesa salió del castillo, se dio cuenta que las hadas habían escrito mal el cuento, que debía pensar para sobrevivir, y sobrevivir para avanzar, y avanzar para no morir, así mil veces quisiera desfallecer, así en las noches cuando tuviera ganas de llorar y volver en sus sueños al pasado… Se atará a su vida, al recuerdo y a la esperanza de que al amanecer, encontraría en en ésta vida aquel verde jardín, con un basto terreno de tulipanes de colores, y mariposas, y música.. y magia. Esa que se encuentra en los libros, en su corazón, en sí misma y no en una absorbente alma…

Una independencia de mente que la atará al corazón del caballero y no del príncipe.

FÁCIL FUERA…

Y sin tan solo quisiera reír en sus ojos,

llorar con sus lágrimas,

y sí tan solo pudiera mirarle en el amanecer;

perpleja, sincera, profunda,

con la mirada dispersa, inquieta, diciente..

 

Si tan simple fuere volver, verle…

Si él pudiera tan solo robarle una sonrisa,

¿Se llevaría el alma?, pisotear el alma;

el miedo la abruma… mejor guardar las sonrisas para el viento,

para las lagrimas, para su casa.

 

¿Soledad? ¿Permitiría la noche quizás abrazarla?

pero ella plácida y sincera, le abofetearía,

o quizás le permitiría quedarse y poseerla,

 si tan solo pudiera iluminar su camino e ideas,

el pensamiento sería menos vacío,

tendría más razón.

 

¿Razón? no hay corazón con razón..

no hay sentimiento que germine en el cemento,

si la tierra ya se ha hecho dura, si no hay nada más que arar,

¿Para que esperar ver el mundo en sus ojos,

si nunca podrá ver el mundo con su alma?